Así debía ser: cuando el trabajo de escribir se vuelve una urgente necesidad de explorar en las raíces y en las telarañas de uno mismo y del entorno que nos rodea, y esa labor se comparte día a día con un ejercicio de rigor y de crítica y de motivación y de arquitectura de la palabra, el resultado es que dos escritores de poemas -no nos autonombramos "poetas"- decidan publicar un libro que son dos o dos libros que son uno.

Estos dos tomos de un libro conjunto, o estos dos libros de un solo tomo, son el resultado fecundo de un dúo con actitud.

El maravilloso Lawrence Durrell, maestro de El Cuarteto de Alejandría, lo dijo más claro de lo que nosotros pudiéramos decirlo: "En la vida de alguien que escribe hay un momento decisivo. Es de vital importancia que las aguas encuentren su propio nivel y que uno haga lo que pueda con las facultades que le han sido dadas. Es ocioso empeñarse en lograr cosas que no están a nuestro alcance, del mismo modo que es completamente inmoral ser negligente con las cualidades que uno posee".

Tan claro como una metáfora. Tan iluminador como una analogía. Tan mágico como una frase tallada en piedra.

Lo que dice Durrell, sin embargo, es una parte de lo que intentamos ser. Porque, como ya lo enunció Albert Einstein, "todos tenemos talento, pero no todos tenemos persistencia".

Talento, según Durrell. Persistencia, según Einstein. Si mezclamos con acierto los dos ingredientes, el resultado será una obra literaria rigurosa, distinta, nueva, emocional y, sobre todo, sincera.

En eso nos hemos hallado Criss Ordóñez y yo en este 2023. En este asombroso 2023 en el que cada día fuimos amaneciendo y anocheciendo con nuevas propuestas poéticas dentro de un marco de trabajo sorprendente.

Conocí a Criss cuando ingresó como alumna a uno de mis talleres de escritura. Sin conocernos básicamente, pues ella vive en Portoviejo y yo en Quito, nos hemos conectado cada día para trabajar las palabras, las ideas, las frases y, sobre todo, la fabricación de estructuras líricas basadas en el rigor conceptual y en el deseo estético más. elevado.

Así es la relatividad de las cosas. Para muchas personas, quizás incoherentes con sus hábitos cotidianos, las redes sociales y los espacios digitales se elevan a rangos casi inhumanos, fríos, distantes, impersonales.

Pero, en el caso de Criss y yo, ha sido todo lo contrario. Hay una camaradería, un afecto y una amistad que rebasa cualquier temor de que la falta de presencias nos haya convertido en ausencias. Ausencias creativas. Ausencias poéticas.

Herramientas tan satanizadas como WhatsApp, Zoom, Gmail y HangOut deberían, al menos en nuestro caso, ser elevadas por la sociedad de los poetas vivos a la categoría de lo indispensable e ineludible como puentes de conexión intelectual, espiritual y literaria. Nos pareció una broma cuando, en medio de la tarea diaria de aprendizaje mutuo, de entregar las experiencias del uno en beneficio del otro y viceversa, surgió la idea de publicar un libro conjunto. Los poemas de Criss. Los poemas de Rubén Darío.

Y como si no fuera suficiente semejante locura, Criss tuvo la iluminación de crear conmigo el proyecto Voces y Versos, que, aunque ha tenido tropiezos por el tiempo de cada uno para dedicarle más horas, pronto se concretará en un hermoso regalo auditivo y emocional para nuestros seguidores.

Así que, entre sueños y delirios, fuimos construyendo y puliendo la idea de que el libro debía hacerse. Y se hizo. Y aquí lo tiene el lector o la lectora. O ambos.

Cuando le preguntaron a la irreverente autora francesa Simone de Beauvoir si escribir era un don de nacimiento, ella lo negó. Como nosotros también lo negamos. La literatura, en este caso la poesía, no nos ha sido dada como un regalo de alguna divinidad, sino como un destino al que hay que trabajarlo de manera ardua y apasionada.

Esto fue lo que respondió Simone: "Me di cuenta de que los espíritus creadores son tan pocos en el mundo que era inútil tratar de ser uno de ellos. Pero también me di cuenta de que ciertos individuos son capaces de llevar al máximo nivel de locura y de razón ese delirio concertado que no es otra cosa que encontrar los valores estéticos más profundos en algo muy terrenal: la terquedad".

Lo que en adelante ocurra con estos dos libros de poemas en uno, o en este libro que se abre al mundo con dos sensibilidades distintas y personales, ya no es de nuestra responsabilidad.

Criss ha escrito y publicado. Rubén Darío ha escrito y publicado. Mientras pensábamos en la edificación de este complejo proyecto poético decidimos que su estructura sea independientemente ligada una a la otra.

¿Por qué no? Este libro titulado por un lado: El luto duerme sobre mi cuerpo desnudo  y, desde el otro lado: Dicen que mis demonios son inofensivos tiende un puente contrario a los egos, a las vanidades y a los aplausos individuales y efímeros.

Quizás sea un desafío. O una temeridad. O una audacia. O una novela. Lectores y no lectores (que también los habrá, para desgracia de ellos) harán su definición y formarán su criterio.

Que sea el escritor y cronista estadounidense Raymond Carver el que cierre esta reflexión para que usted, que tiene en sus manos estos poemas nuestros de uno, este libro único de dos, sea quien lo disfrute o lo maldiga:

"No se trata de talento ni de inspiración. Talento hay demasiado en el mundo. Inspiración, no. Lo que debe existir en quienes aman la escritura es una forma especial y única de mirar las cosas, de sentir la vida, y aunque tarde años en encontrarse a sí mismo desde su propia voz, lo esencial será su inimitable contemplación para expresar lo que el creador de mundos siente cuando su existencia se enfrente a la necesidad de existir con los demás".

 

 

Rubén Darío Buitrón

 Poeta, cronista, docente
Autor de 12 libros
Director de loscronistas.net
Director de La Otra Mirada
Director de NOTIMERCIO

 

 

 

 

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  • homeLa autora Dorys Rueda, 13 de Febrero del 2013.
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