CONTRABANDO DE BICICLETAS
Recopilación y Transcripción: Fernando Larrea Estrada
Se cuenta que en la década de los años sesenta del siglo pasado, en la frontera norte, concretamente en el antiguo puente de Rumichaca[1], lugar en el que los gobiernos de Ecuador y Colombia, habían construido un puente sobre la estructura natural de roca que había formado un paso natural, sobre el cual, los dos países, edificaron construcciones grandes para la época con apariencia de castillos medioevales, en los se instalaron las correspondientes administraciones aduaneras con sus policías de aduanas.
Las dos construcciones estaban divididas por un pequeño espacio sobre el puente que tenía registrada una línea sobre el pavimento, que se entendía era la línea fronteriza.
El paso internacional de vehículos estaba diseñado por el centro de las edificaciones, que se podría decir, formaban un túnel unidireccional para el tránsito, de manera que un solo vehículo podía pasar, los demás esperaban en fila, pero no se formaban congestiones, porque el tráfico era limitado y el puente con la infraestructura de control aduanero sirvió por décadas de manera eficiente para los dos países.
El tráfico vehicular y de personas, era tan limitado, que las autoridades de aduanas, prácticamente conocían a todos. Identificaban muy bien a los comerciantes formales, a los contrabandistas, a los turistas y a los que transitaban como viajeros eventuales de paseos y romerías.
En una de las épocas en las que las compras que se realizaban en Colombia, resultaban mucho más convenientes que hacerlas en Ecuador, ya que las diferencias en los precios justificaban correr el riesgo que la mercadería comprada en Colombia sea decomisada por la aduana.
Una señora, conocida comerciante informal, se acerca a conversar con la autoridad de aduana, y argumentando que se trata de una madre pobre que debe dar comida, techo y educación a su familia, ya que ha sido abandonada por su esposo y padre de sus hijos, solicitó que de manera especial, que le permitieran el paso a uno de sus hijos, que lo había llevado con ella para presentarlo a la autoridad:
- Que lo dejen pasar con las compritas diarias para preparar la comidita de familia, en su bicicleta recién comprada.
Decía que las compras se reducían a:
- Una librita de carne, un litrito de leche, arroz y verduras para el día.
Ante un pedido tan humano y racional el jefe de aduanas meditó y le dio la respuesta al día siguiente, la misma que fue autorizándole este abastecimiento familiar diario. De inmediato la orden de la autorización se la pasó a los operadores de aduana, especialmente a aquel que estaba a cargo de la cadena, quien permitía o impedía el paso al Ecuador con solo levantarla o bajarla.
Desde el día siguiente, el chico, de quien el nombre se ha desvanecido con el tiempo, pasaba temprano en la mañana en su bicicleta con el abasto familiar. Era muy educado y siempre saludaba con respeto y muy atentamente a los guardias que se encontraban de turno. De esta manera transcurrieron un poco más de cinco años y todo marchaba bien, hasta que un nuevo comandante de aduanas preguntó:
- ¿Por dónde pasa el señor de la bicicleta a realizar las compras en Ipiales?
A lo que uno de los guardias le respondió:
- Pasa en la mañana en el cajón de un camión o camioneta que lo llevan y cuando no se lo ve, llega a Ipiales por otro paso.
La respuesta no satisfizo al comandante y dispuso se realizara una investigación prolija.
El resultado de la investigación fue: “Que la familia no es pobre, que la señora es contrabandista y tenía marido, que todas las bicicletas en las que pasó el chico eran nuevas y se las metió de contrabando a razón de una por día. Comprobaron que en su almacén de bicicletas de Tulcán en ese quinquenio se habían vendido cerca de dos mil caballitos de acero.”
[1] Palabra que significa “puente de piedra”: Rumi significa piedra; y Chaca significa paso o puente.
Fernando Larrea Estrada, Chaguarmishqui, Pacheco diseño e imprenta, 2016.
Fernando Larrea Estrada, escritor e investigador socioeconómico ecuatoriano, nace en Otavalo en 1960, estudia en la Universidad Central del Ecuador, con post grados en el área económica, obtenidos tanto nacional como internacionalmente. Además, cuenta con la publicación de dos libros: “Modesto Larrea Jijón, Vida y Legado”, en el 2015 y “Elementos del Comercio Internacional”, 2013. Ha publicado varios artículos especializados. Vinculado a organismos internacionales: Fondo Monetario Internacional FMI y Organización de los Estados Americanos, OEA y a diferentes Instituciones públicas entre las que destacan la Contraloría General del Estado y Ministerio de Relaciones Exteriores. En la actualidad es miembro del Directorio del Colegio de Economistas de Pichincha. |
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