Otavalo, 6 de septiembre de 2025

 

Querida Viuda de Medianoche:

Leí tu carta con la misma sonrisa torcida de siempre. Eres tan práctica, hermana, que asustas como quien viene a cobrar una deuda: levantas el velo y el borracho se desploma. Eficiencia bancaria, diría yo.

Pero permíteme defender mi estilo. Si me tomo la molestia de salir de la tumba, al menos debo ofrecer un poco de espectáculo. El infiel me sigue confiado, convencido de que está a punto de vivir la mejor aventura de su vida. Y justo cuando la pasión alcanza su punto más alto, me entrego convertida en esqueleto. ¿No es acaso más refinada esta muerte que dejarlos secos con un simple vistazo?

Te burlas de mi dramatismo, lo sé. Sin embargo, piensa en esto: hoy las multitudes se hipnotizan con pantallas —telenovelas turcas, realities como Master Chef Celebrity, conciertos transmitidos en vivo—, cualquier cosa que brille. Yo, en cambio, les ofrezco su propio espectáculo nocturno, gratuito y sin anuncios. Tú prefieres la esquina oscura; yo, las losas frías del cementerio. Cada una tiene su escenario y su estilo.

Y ya que hablas de modernidad, no creas que me he quedado atrás. Hace poco entraron unos turistas con linternas, ansiosos de “actividades paranormales”. Llevaban los celulares listos para grabar, pero conmigo las cámaras nunca funcionan. Solo se llevaron un grito y una sombra deslizándose entre las cruces. No vivirán para contarlo. Pagaron por una experiencia distinta… y la tuvieron. Si algún día abro mi propia agencia, la anunciaré como: “La Ruta de la Viuda: de la pasión al pánico en tres pasos”.

También me han llegado rumores de una tal Dorys Rueda, que se dice escritora. Anda recogiendo nuestras historias como si fuéramos simples leyendas para entretener a los vivos. Me pregunto si no sería oportuno sorprenderla una noche en su mesa, pluma en mano, para que entienda que no existimos solo en relatos antiguos. Que sepa que seguimos caminando entre postes de luz, que nos reímos de los selfies, que conocemos de aplicaciones y reseñas. Nuestro mundo no está enterrado en los libros; late en las calles de hoy. Si Dorys quiere escribirnos, que lo haga con la certeza de que las viudas la estamos observando.

Y hablando de ser vistas, hermana, en algo coincidimos: entre las dos mantenemos el negocio de la noche en marcha. Tú castigas a los borrachos desde la calle; yo atrapo a los infieles desde la tumba. Que lo sepan los hombres que juegan con su suerte y aquellos que creen que todo es mito o ficción: la oscuridad no es recuerdo ni invención. Es territorio de viudas.

Y siempre llegamos puntuales.

Con la condena tatuada en el aire frío,

La Viuda del Cementerio


 

Dorys Rueda, Cuentos: Entre Leyendas y Sonrisas, 2026.

 

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  • homeLa autora Dorys Rueda, 13 de Febrero del 2013.
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