Fuente oral: Jhandry Rojas
Recopilación: Óscar Ruiz
Marzo, 2026
Se cuenta que entre los moradores del sector La Nueva Prosperina, en Guayaquil, vivía un hombre llamado Javier, quien carecía de moral y ética. Además, cometía abusos contra los mendigos del sector, pues les robaba lo poco que tenían: el dinero que conseguían recolectando botellas o el que recibían como ayuda de los demás moradores. Javier era conocido entre los mendigos por repetir siempre la misma frase: “Yo lo necesito más, yo sí tengo futuro, ustedes no”. El dinero que robaba lo malgastaba en su adicción a las drogas y al alcohol.
Una noche, Javier salía de un bar en estado etílico y, mientras se dirigía a su hogar, se topó con un hombre muy sucio y con la ropa desgastada. El hombre estaba sentado sobre un montón de cartones y basura, con la cabeza agachada y un vaso con monedas en la mano. Javier lo vio y decidió quitárselas. Mientras se acercaba al viejo mendigo, lo iba maldiciendo e insultando.
El mendigo en ningún momento levantó la cabeza ni demostró reacción ante los insultos, lo que enfureció aún más a Javier. Entonces le quitó las pocas monedas que tenía y le propinó una patada en el estómago. El mendigo siguió sin reaccionar; lo único que dijo fue: “Si me lo quitas, me lo tendrás que pagar”. Javier no le dio importancia. Se fue insultándolo y riéndose con malicia.
Luego de ese incidente siguió su camino hacia su casa y, al llegar, sintió un escalofrío que recorrió rápidamente todo su cuerpo. Al darse la vuelta, vio que aquel viejo mendigo al que había insultado y robado minutos antes estaba parado detrás de él, con una mirada penetrante. Javier se asustó y, al mismo tiempo, se llenó de enojo al verlo.
En ese momento, un viento muy fuerte cerró la puerta de golpe, dejando dentro al mendigo y a Javier. Entonces el mendigo levantó la cabeza que estaba llena de gusanos y carne podrida. Javier soltó un grito desgarrador que pudo oírse entre los vecinos cercanos.
Desde esa noche Javier desapareció. Sin embargo, los moradores rumoran que, cuando dan las doce de la noche, es al mendigo a quien ven cerca de la casa de Javier, con un vaso de monedas en la mano, esperando que su próxima víctima sea una persona con vicios o algún ladrón.
