Querida Dorys:

Anoche estuve observándola mientras escribía sobre sirenas, carbuncos y viudas modernas.

No se asuste. Las ánimas benditas ya no tenemos mucho más que hacer después de medianoche y, además, últimamente muy poca gente nos presta atención. Usted, en cambio, pasa las noches conversando con espantos ecuatorianos como si todavía caminaran tranquilamente entre los vivos.

Por eso decidí acercarme.

Estaba tan concentrada frente a la computadora que ni siquiera notó cuando comenzó aquel frío suave detrás de la nuca. No era el viento quiteño. Era yo, intentando aparecerme con cierta dignidad sobrenatural. Aunque debo admitir que cada vez resulta más difícil causar impacto.

Antes bastaba apagar una vela o hacer crujir una puerta para provocar desmayos colectivos. Ahora una puede atravesar una pared y la gente apenas comenta:

—Debe ser un problema eléctrico.

Créame, Dorys, no es fácil para nosotras.

Un ánima amiga mía, que ronda desde hace décadas por San Juan, me habló de usted.

—Es la señora que anda modernizando espantos —me dijo—. La única esperanza que nos queda antes de terminar convertidas en atractivo turístico del Centro Histórico.

Y pensé que exageraba.

Pero luego escuché que la Viuda ya está metida en política, los duendes usan TikTok, las brujas venden escobas por internet y hasta el Diablo anda ofreciendo pactos en cómodas cuotas mensuales.

Mientras tanto, nosotras seguimos arrastrando cadenas desde el siglo XIX como si el miedo no hubiera evolucionado.

Por eso decidí actualizarme un poco.

Mi primera aparición moderna fue en la Asamblea Nacional.

Pensé:
“Si todavía existe un lugar donde un ánima puede causar verdadero terror, debe ser allí”.

Elegí cuidadosamente el despacho de un asesor legislativo que trabajaba solo hasta tarde. Organicé un viento helado impecable, hice parpadear las luces, moví carpetas importantes y hasta arrastré unas cadenas con un eco digno del más allá.

Una aparición impecable.

¿Y sabe qué hizo el hombre?

Ni siquiera se asustó.

Levantó apenas la cabeza, me miró con agotamiento y dijo:

—Señora, con todo respeto… aquí ya convivimos diariamente con cosas mucho más aterradoras.

Después siguió revisando contratos con absoluta tranquilidad.

Qué tristeza, Dorys.

Pero eso no fue lo peor.

Una amiga ánima, bastante antigua y muy chismosa, me recomendó cambiar de escenario.

—Pruebe en Carondelet —me dijo—. Ahí la gente ya está acostumbrada a convivir con apariciones.

Y fui.

Debo reconocer que aparecerse en la Casa Presidencial exige cierta categoría espectral. Me deslicé lentamente por los corredores, hice temblar unas lámparas antiguas y provoqué una corriente helada verdaderamente memorable. Hasta logré abrir sola una puerta de madera que pesaba más que mis propios pecados.

Entonces un funcionario salió de una reunión nocturna y me vio flotando frente al pasillo.

Por un instante pensé:

“Ahora sí. Aquí sí vendrá el verdadero espanto”.

Pero el hombre apenas suspiró, acomodó la corbata y dijo:

—Otra aparición… Deben estar cerca las elecciones.

Y siguió caminando.

Comprenderá mi preocupación, Dorys.

Si ni siquiera en la Asamblea Nacional o en Carondelet logramos asustar a alguien, las ánimas benditas estamos perdiendo completamente el prestigio sobrenatural.

Por eso vine a buscarla.

Necesito que escriba una historia donde todavía podamos provocar aunque sea un poco de miedo… un miedo elegante, moderado y compatible con los tiempos modernos.

Tal vez haya llegado el momento de modernizarnos:
menos cadenas,
más estrategia comunicacional.

Incluso estoy considerando abrir una cuenta en redes.

Aunque una sobrina fallecida en 1998 insiste en que primero debo cambiar mi imagen.

Dice que tanto gris, tanta neblina y tanto lamento ya no funcionan bien públicamente. Según ella, hoy para causar verdadero temor una tendría que aparecer vestida como prefecta en plena campaña, inaugurando por cuarta vez la misma carretera llena de huecos y prometiendo que ahora sí quedará lista “antes de finalizar el próximo periodo”.

Qué tiempos estos, Dorys.

Antes los vivos nos tenían miedo a nosotras.

Ahora parece que comenzaron a superarnos.

Y eso, querida escritora, empieza a preocuparnos seriamente en el más allá.

Con afecto espectral,

 

El Ánima Bendita.

 
 
 Dorys Rueda, Cuentos: Entre leyendas y sonrisas, 2026.
 

Visitas

006207662
Today
Yesterday
This Week
Last Week
This Month
Last Month
All days
3283
3225
32833
6144788
69048
146343
6207662

Your IP: 35.232.132.55
2026-05-17 23:09

Contáctanos

  • homeLa autora Dorys Rueda, 13 de Febrero del 2013.
  • mailelmundodelareflexion@gmail.com
  • mapOtavalo, Ecuador, 1961.

Siguenos en