Antes, el Cuco era
ese rincón oscuro…
donde uno mejor no miraba mucho,
una puerta medio abierta,
la cama guardando lo que no se decía,
y esa voz bajita diciendo: “duérmete”.

Era también
un nombre que alcanzaba,
un silencio… de esos que pesan
aunque no hagan ruido,
un miedo
sin forma clara,
pero presente.

Ahora dicen que no está,
que ya no se lo nombra,
que los niños no creen en eso.

Pero hay otras cosas ahora, ¿no?
pantallas que no se apagan,
imágenes que aparecen de pronto,
sin que uno las llame,
voces de quién sabe dónde,
historias que pasan
y a veces se quedan.

Y uno se queda pensando…
que capaz el cuco ahora es eso,
lo que insiste sin cansarse,
lo que roza y deja inquietud,
lo que se queda
un poco más de lo necesario,
lo que no termina de irse.

Porque el cuco nunca fue un lugar,
ni una forma,
ni siquiera un nombre.

Era eso…
lo que no se entiende del todo,
lo que inquieta sin avisar,
lo que se siente primero
y luego, si alcanza,
se dice.

Y eso…
bueno,
todavía está.

 
 
 

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  • homeLa autora Dorys Rueda, 13 de Febrero del 2013.
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