Esta tarde son tres frente a una pantalla encendida: una lectora que convirtió la fascinación en libro, una voz que pregunta y un escritor que ha dedicado su vida a demostrar que la palabra también puede ser ética, belleza y resistencia.

Esta vez, quien pregunta también forma parte de la historia: la misma lectora que convirtió la lectura apasionada en libro conduce la conversación, aunque aquí lo haga desde la distancia necesaria de quien observa.

Sobre la mesa reposan dos tazas de café, una frente a la otra, unas notas abiertas y el resplandor de un libro que no existe en papel, pero sí en la memoria de quienes lo descargan. VRI: 31 sentidos y un mito, publicado el 15 de abril de 2026 como obra digital y gratuita en elmundodelareflexion.com, supera ya las 400 descargas.

 

 

El libro nace de los poemas de Rubén Darío Buitrón, autor de una trayectoria que une literatura, periodismo narrativo y formación de nuevas generaciones. Sobre ese universo poético, Dorys Rueda construyó comentarios y recorridos de lectura que invitan a descubrir símbolos, emociones y sentidos ocultos presentes en la obra.

Más que una recopilación poética, VRI: 31 sentidos y un mito es una invitación a detenerse, sentir y mirar más allá de lo evidente.

Se rompe el silencio, como tantas veces al inicio de otras entrevistas, con una primera pregunta dirigida a Rubén Darío Buitrón:

—Si alguien abre hoy VRI: 31 sentidos y un mito  por primera vez, ¿qué encontrará?

El poeta acomoda la taza entre las manos y responde sin prisa.

—Encontrará poemas que siguen buscando lector. Ningún texto verdadero se completa solo; necesita otra mirada para volver a latir.

La lectora recoge la idea y la prolonga con serenidad.

—Y encontrará una forma distinta de entrar en ellos. Mis comentarios acompañan los poemas para dialogar con su profundidad, no para cerrarlos en una sola interpretación.

Queda la impresión de que entre ambos han definido el libro en pocos segundos.

Conviene ir al origen, como sucede siempre cuando se quiere comprender de verdad una obra. La mirada está en el poeta:

—Usted dijo alguna vez que toda su vida ha escrito porque toda su vida ha leído. ¿Sigue creyendo lo mismo?

Una sonrisa breve le cruza el rostro antes de responder.

—Más que nunca. Leer me enseñó a mirar. Escribir fue la consecuencia. Desde niño entendí que los libros no solo cuentan historias: también nos construyen por dentro.

Se lo escucha con atención. Hay respuestas que, en pocas palabras, revelan una vida entera.

La lectora guarda unos segundos de silencio, pensativa. Luego se sirve un poco más de café y completa la idea.

—Por eso sus poemas tienen tantas capas. En ellos se siente la huella de alguien que ha leído el mundo y también las bibliotecas.

La tarde entra por la ventana con una luz oblicua.

La siguiente pregunta gira hacia la mujer que convirtió la lectura en proyecto.

—¿Qué vio usted en esos poemas para dedicarles una obra entera?

 

Ella entrelaza las manos antes de responder.

—Vi una unidad secreta. Sentí que no eran textos dispersos, sino una obra que dialogaba consigo misma. Había símbolos que regresaban, emociones que se respondían, una presencia constante. Comprendí que ese universo merecía un mapa para nuevos lectores.

El poeta baja la mirada hacia el café ya tibio y sonríe apenas.

—Yo escribía sin pensar en mapas. Ella encontró el territorio.

La conversación vuelve a Rubén Darío Buitrón:

—Después de tantos años en el periodismo y la literatura, ¿por qué seguir escribiendo poesía?

Responde con la serenidad de quien ha atravesado muchas páginas y aún sabe escuchar lo que calla el silencio.

—Porque la noticia cuenta lo que pasó. La poesía pregunta qué nos pasó por dentro. Una informa; la otra revela.

La afirmación queda suspendida unos segundos en el aire.

La lectora interviene enseguida.

—Y eso se siente en sus textos. Sus poemas no se quedan en la imagen bella: tocan la pérdida, el deseo, la memoria, lo que somos cuando nadie nos mira.

El vapor del café casi ha desaparecido.

La mirada vuelve otra vez al poeta.

—Muchos lo conocen como editor de grandes diarios, maestro y fundador de proyectos culturales. ¿Qué intenta transmitir a quienes empiezan a escribir?

Se toma unos segundos antes de contestar.

—Que la técnica sirve poco sin ética. Y que escribir bien no basta si no se escribe con humanidad. La palabra puede herir, pero también puede dignificar.

Hay respuestas que dejan una quietud especial en la habitación.

 

 

Ahora la conversación gira hacia la otra orilla de la mesa.

—¿Temió intervenir demasiado una obra ajena?

Ella sonríe como quien esperaba esa objeción.

—No quise intervenirla, sino acompañarla. Seleccioné poemas, escribí comentarios y propuse recorridos como la estética de Vri, la paleta de colores, el índice emocional y la espiral de Vri. Mi intención fue acercar al lector a una experiencia más profunda. Sin la fuerza de estos poemas, este libro no habría existido.

El poeta sonríe y añade:

—Todo escritor agradece una lectura verdadera. No la que repite lo evidente, sino la que descubre habitaciones que uno mismo no sabía que había construido.

Se ordenan las ideas un instante y la conversación vuelve al centro simbólico del libro.

—¿Cómo está organizado VRI: 31 sentidos y un mito?

El poeta hace un leve gesto con la mano, cediendo la palabra.

Ella se inclina apenas hacia adelante, como quien vuelve a recorrer una arquitectura íntima.

—El libro está construido alrededor de 31 poemas: uno abre el umbral antes de entrar en la espiral, veintiocho conforman el recorrido interior y dos aparecen después, como salida o resonancia final. No es una distribución casual. Quise que el lector sintiera que entra en una forma viva: primero una puerta, luego el descenso hacia distintas capas de la experiencia y al final una pequeña luz de regreso. 

El poeta escucha en silencio y luego añade, como si cerrara el plano con otra luz:

—Ella ordenó el viaje que mis poemas intuían. Yo escribí las huellas; ella les dio camino.

La tarde empieza a plegarse tras los cristales.

Llega la última pregunta, quizá la más simple y la más necesaria. Como al inicio, la mirada se dirige primero al poeta.

—¿Qué esperan de quienes descarguen VRI: 31 sentidos y un mito?

Él termina el café antes de hablar.

—Que no intenten entenderlo todo de inmediato. Hay libros que primero se sienten y después se comprenden.

La lectora toma entonces la última palabra.

—Y que entren sin prisa. Que se permitan sentir. Que encuentren algo suyo entre estas páginas abiertas.

El silencio permanece unos instantes más.

Nadie se levanta de inmediato.

Sobre la mesa quedan dos tazas vacías, una pantalla encendida y palabras que todavía respiran entre los tres. Afuera, la tarde continúa su camino. Adentro, el libro permanece abierto: allí donde algunas lecturas no concluyen al cerrar una página, sino cuando comienzan a transformarnos por dentro.

Dorys Rueda

Para Voces y rostros

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  • homeLa autora Dorys Rueda, 13 de Febrero del 2013.
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