Compilación: Gustavo Dávila Hidalgo

Los gagones son como unos “guaguas perritos” (cachorros de pocos días de nacidos), al principio son cenicientos, lo que llamamos “chucuros” y con el tiempo van haciéndose negros hasta volverse “negro fino”. Se forman cuando se han “entreverado” (cohabitado) entre compadres o parientes y son las “almitas” de ellos que andan llorando por los caminos donde trajinan los que están “mal llevados” (amancebados). Salen para que alguna persona de “alma limpia” (persona pura que no ha delinquido contra la castidad) y que no sea manchada le aconseje para salvar esa almita y no se condenen.

Esto solo puede conseguirse al principio, pero cuando ya están negros, ya no tienen salvación. Las almas limpias cuando ven a los gagones les amarran con un cordel o les pintan la cara con negro de humo para ver al día siguiente cuál ha sido el gagón. Si las personas son pecadoras el gagón les coge de la rodilla y les saca el huesito (rótula) y si el alma no es manchada le coge suavito.

Los que han querido coger al gaón estando en pecado no vuelven a hacer eso porque ya tienen miedo por el dolor a la rodilla. Cuando han cogido al gagón y le han tiznado esperan en ese lugar para ver quién pasa a la madrugada entre claro y oscuro, el rato que “arraya” (el momento que salen los primeros rayos del sol) el día le aconseja diciéndole: “usted está con este pecado, sepárese de esa mala amistad, para que no se condene y salve su alma”.

 

Mitos y Leyendas Ecuatorianas, Compilación, Colección Ariel, 2015

 
Portada cortesía:

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  • homeLa autora Dorys Rueda, 13 de Febrero del 2013.
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