Fuente Oral: Ángel Rueda Encalada1
 Recopilación y Transcripción: Dorys Rueda
 Otavalo, 1985
 

En la ciudad de Otavalo, cerca del Cementerio, vivía  la mujer más curiosa del mundo. Era pero tan curiosa que apenas comía por espiar y al menor ruido se asomaba a la ventana para ver qué estaba pasando afuera de su casa,  sin importarle si fuera de día o fuera de noche.

Si escuchaba voces, dejaba cualquier otra actividad para asomarse a la ventana y enterarse sobre qué estaba la gente conversando. Peor aún, si escuchaba alguna pelea. Quería saber quién reñía con quién y el porqué de la reyerta. Otras veces oía pasos y salía con prisa, porque sabía que se trataba de algún cortejo fúnebre. Entonces, preguntaba quién había muerto, por qué razón y cuántos días lo habían velado en la casa. Todo detalle  le era imprescindible.

Pero en una ocasión, le ocurrió algo que le sirvió de lección para toda la vida.

Una noche,  alrededor de las doce, la curiosa se hallaba profundamente dormida, cuando se despertó sobresaltada por un ruido que venía de la calle. Se quedó quieta por un momento y sintió miedo. Pero su curiosidad pudo más. Se levantó de la cama y escuchó el chasquido de unas cadenas que se arrastraban por el suelo  y los quejidos lastimeros de alguien. Abrió la ventana y vio  que se trataba de un cortejo fúnebre. La curiosa se extrañó  que hubiese uno a  esas horas.

Todos los que acompañaban a la carroza  vestían de negro entero. Los varones llevaban una capa que les cubría el cuerpo y las mujeres una chalina larga que les tapaba el rostro.

Tentada por la curiosidad llamó a uno de los hombres que caminaba tras el ataúd para que le dijera quién era el muerto.  -Mañana lo sabrás-, le respondió el hombre. Como la mujer volvió a preguntar,  éste le dijo con voz ronca: -Toma este cirio verde que yo vendré por él mañana a esta misma hora-. Luego, se  dio la vuelta y sin que la mujer pudiera decir ni pío, se unió nuevamente al cortejo.

A la mañana siguiente, sin poder más de la curiosidad, la mujer fue a mirar el cirio verde que le había entregado el hombre, pero cuál sería su sorpresa al encontrarse que éste había desaparecido y en su lugar estaba la canilla de un muerto. Muy asustada se dirigió a la iglesia a confesarse con el señor cura.

Éste le escuchó con atención y le dijo que todo era obra del diablo por el pecado de espiar. De penitencia le mandó unas oraciones y le dio indicaciones precisas que debía cumplir esa noche, cuando el hombre regresara por la vela.

La curiosa, siguiendo al pie de la letra lo que le mandó el sacerdote, buscó a doce niños pequeños que estaban aprendiendo a hablar. Ya llegada la medianoche, justo un poquito antes de las doce, frente a la puerta de su casa, formó un círculo con los once niños y se colocó dentro de él con el niño de mayor edad.

A las doce en punto de la noche apareció el hombre frente a la casa y la curiosa se puso a temblar de miedo.  Entonces, empezó a pellizcar a cada uno de los niños que formaban el círculo para que rompieran a llorar. Mientras el niño que estaba en el interior, le entregaba la canilla del muerto.

El hombre tomó lo suyo, pero antes de partir le dijo: -El llanto de estos pequeños inocentes te ha salvado. Si no fuera por sus lágrimas, estarías yéndote conmigo al infierno.

La mujer aprendió la lección. Dejó de ser curiosa.

 

 

Ángel Rueda Encalada (Otavalo: 1923-2015) fue un autodidacta que impulsó la modernización de la ciudad de Otavalo y logró cambios enormes para su ciudad, como la automatización de los teléfonos, la construcción del Banco de Fomento, la llegada del Banco del Pichincha, la edificación del Mercado 24 de Mayo, la construcción de la Cámara de Comercio, la reparación del templo El Jordán y la reconstrucción del Hospital San Luis. Por décadas fue benefactor de las escuelas Gabriela Mistral y José Martí. Fue fundador de varias instituciones de la ciudad, de donde desplegó su actividad a favor de la comunidad. Fue presidente de la Sociedad de Trabajadores México y del Club de Tiro y Pesca. Formó la Cámara de Comercio, trabajó para ella y fue su Presidente Vitalicio. (M. Esparza, presidente de la Cámara de Comercio de Otavalo, comunicación personal, julio 12, 2015).

 

 Portada Artículo: https://www.youtube.com/watch?v=Uyj6C-d_Kfk

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  • homeLa autora Dorys Rueda, 13 de Febrero del 2013.
  • mailelmundodelareflexion@gmail.com
  • mapOtavalo, Ecuador, 1961.

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