Las sirenas, según la tradición griega, eran seres con torso de mujer y cuerpo de animal, que vivían en una isla del Mediterráneo, frente a la costa de la Italia meridional. Tenían una voz musical prodigiosa, atractiva e hipnótica, capaz de embrujar con su música a los marineros que pasaban por la isla, quienes perdían el control del barco y se estrellaban. Las sirenas entonces los devoraban.

El primer testimonio escrito nos viene de La Odisea, de Homero. El héroe, después de pasar una larga temporada en el palacio de la diosa Circe, emprende el regreso a Ítaca. La divinidad le cuenta que la primera aventura que tendrá será con las sirenas. Le advierte que si desea escuchar complacido la música de estos seres, haga que sus hombres se tapen los oídos y luego, le amarren de pies y manos, al mástil del barco; que si suplica que le desaten, sus hombres más bien le sujeten con más cuerdas. Sólo así Odiseo pudo escuchar el canto mágico de las sirenas, sin que la tripulación corriera riesgo.

En América, asimismo, tenemos la figura mitológica de la sirena. En Panamá, se cuenta la leyenda de la Sirena del río Risacua (provincia de Chiriquí), en el que habitaba una mujer de cabellera rubia. Los hombres sentían un impulso sobrenatural de meterse en el río e ir hasta el fondo de la corriente para encontrarse con esta mujer. Quienes lo hacían, morían y su cadáver aparecía a los pocos días flotando en el agua.

La figura de la sirena también aparece en las leyendas recogidas en  Ecuador. Se cuenta que las mujeres que habitaban en el Cerro Brujo (Galápagos) eran sirenas que encantaban a los pescadores. Quienes las veían,  desaparecían en el mar.  Se habla también de una joven que se convirtió en mitad mujer y mitad pez y  vivía en las aguas del Cucho (sector de Tabacundo), esperando a que un  hombre le desencantara. Se sabe también de la Sirena de la Fuente de Punyaro (Otavalo) que relataremos a continuación.

 
LA SIRENA DE LA FUENTE DE PUNYARO
 
  Fuente oral: Angelita Rodríguez Hidalgo1
Recopilación y Transcripción: Dorys Rueda
Otavalo, mayo 1989
 

 

La Sirena de la Fuente de Punyaro es una historia que una vecina le contó a mi madre, hace 65 años, cuando ella dejó Quito y se fue a vivir a la ciudad de Otavalo, al casarse con mi padre, un joven obrero de la Fábrica Textil La Joya.

La Fuente de Punyaro era un sitio al que acudían los otavaleños y sus familias los días domingos, para entretenerse sanamente. Había concursos de natación, ollas encantadas y mucha comida que vendían  los vecinos del barrio y  los vendedores ambulantes. Hasta muy entrada la noche los otavaleños se solazaban alrededor de la Fuente.

El resto de días, el lugar no era tan trajinado. La gente mayor decía que los varones no debían ir a la Fuente a las doce de la noche, porque no había ninguna persona allí y precisamente de esta soledad se aprovechaba la Sirena de la Fuente para salir y recostarse en las aguas menos profundas.

La Sirena era  mitad mujer y mitad pez.  Salía a medianoche a capturar a los hombres que deambulaban por la Fuente, a través de su canto. Era muy hermosa, tenía un largo cabello negro  que  le caía sobre los hombros y una mirada profunda que paralizaba a cualquiera.  Cuando de lejos veía a un varón aproximarse a la Fuente, empezaba a cantar con una voz tan celestial que el hombre, embrujado,  ya no era más de este mundo. No podía resistirse y como autómata se acercaba más y más a la fuente y con una fuerza desconocida, se arrojaba en las aguas para nunca más salir.

 

1 Angelita Rodríguez Hidalgo (Tumbaco: 1925) reside en Otavalo desde 1952. Sus primeros recuerdos vienen del barrio Punyaro, a donde fue a vivir cuando contrajo matrimonio. Vivió la época de esplendor de la Fuente de Punyaro, un lugar donde acudía con su esposo, don Ángel Rueda Encalada, a distraerse los días domingos. Era el sitio preferido de las vecinas, al caer la tarde, para contar  leyendas que habían escuchado de la gente mayor.

 
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  • homeLa autora Dorys Rueda, 13 de Febrero del 2013.
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  • mapOtavalo, Ecuador, 1961.

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