Stephanía Bastidas
Informante: Víctor Bastidas
Recopilación: Dorys Rueda
Enero, 2018
 
 

 

Cuenta la leyenda que hace muchos años atrás había en la ciudad de Quito, en sus inicios, una familia muy adinerada que tenía un solo hijo. 

Este joven tenía su mesada y se la gastaba en juegos de póker y cartas, era un jugador empedernido. Con el pasar del tiempo, sus padres tomaron una decisión: no darle tanto dinero para  que no siguiera con su vicio.

El joven, acostumbrado a gastar mucho, empezó a robar cosas de su casa: joyas, cuadros y objetos valiosos, al punto que un día robó el anillo de bodas de su madre para poder jugar.

Esa noche cuando salía del juego, ya muy tarde, mientras iba de regreso a su casa, se encontró con una joven muy hermosa que le llamó mucho la atención. Decidió acercarse y hablar con la muchacha. Le preguntó qué hacía a esa hora tan sola. Ella le respondió que estaba esperando a que alguien la llevara a casa. El joven se ofreció acompañarla y la chica aceptó.

Cuando habían caminado ya un tiempo, el muchacho intrigado le preguntó: "¿Dónde vives?, hemos caminado mucho y aún no llegamos".

Ella le contestó:  “En el bosque, ya estamos cerca”.

Al escuchar esta respuesta, el muchacho se quedó más tranquilo.

Después de un corto tiempo, llegaron al bosque y ella señaló un lugar: "Mira, en la casa que está abajo, allí vivo. Tengo una propuesta: si tú me acompañas hasta la puerta de mi casa, ya no podrás regresar. Te quedarás conmigo para siempre".

Un poco asustado, pero embobado por la muchacha, acertó a responder: "Claro, te acompaño y me quedo contigo para siempre".

Cuando llegaron a la casa de la muchacha, él observó que en la puerta había una gran roca. Entonces, preguntó: "¿Cómo vamos a ingresar con esa piedra cubriendo la entrada? No podemos moverla".

La joven, muy contenta, le dijo: "Descuida, de eso me encargo yo, pero quiero que estés bien seguro: si entras, te quedarás conmigo para siempre. ¿Estás dispuesto?".

Él contestó afirmativamente. En ese momento, la muchacha movió la roca como si fuera un papel y le dijo: “Acércate y mira el interior”.  El joven se aproximó con confianza, lo que aprovechó la joven para empujarlo con fuerza.  La casa en ese instante se convirtió en una gigantesca paila llena de aceite hirviendo, donde el muchacho cayó y desapareció.  

Con el paso de los días, los padres del joven salieron a buscarlo, pero nunca lo encontraron. De pronto un día, mientras la madre estaba observando por la ventana, vio a su hijo en medio de dos árboles. Ella, emocionada, salió a darle la bienvenida. Le abrazó y le preguntó dónde había estado.

Él le dijo: "He venido solo para hacerte dos preguntas: ¿Por qué este árbol que está a mi derecha es frondoso y tiene frutos? ¿Por qué este árbol que está a mi izquierda está reseco, torcido y sin vida?"

La madre le respondió: "El de la derecha, porque me encanta y me he dedicado mucho tiempo a cuidarlo, podarlo y quitarle las malas hierbas. El de la izquierda, porque es un árbol que nunca me gustó ni le puse cuidado. Lo regaba de vez en cuando, pero jamás podé las hierbas malas".

"Yo soy el árbol torcido que tú no supiste cuidar bien", replicó el hijo. "Pensaste que todo lo material era suficiente para que yo fuera íntegro".

La madre, al escuchar estas palabras, rompió en llanto. Se tapó la cara y cuando dejó de hacerlo, se dio cuenta que su hijo había desaparecido. Nunca más volvió a verlo.

 

Portada:  https://thumbs.dreamstime.com/z/sombra-verde-del-bastidor-del-%C3%A1rbol-del-%C3%A1rbol-seco-41872555.jpg

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  • homeLa autora Dorys Rueda, 13 de Febrero del 2013.
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  • mapOtavalo, Ecuador, 1961.

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