Mariela de Lugo
Para elmundodelareflexion.com
 
 
BALAKLAVA
EL SECRETO SOVIÉTICO DURANTE LA GUERRA FRÍA

 

 La crisis de Ucrania  y Crimea, en estos días, nos trajo el recuerdo de hechos ocurridos en esta región durante la Guerra Fría,  concretamente en la península de Crimea, la cual está ubicada  al sur de Ucrania, y bordeada por el Mar Negro, que golpea constantemente sus altos y profundos acantilados.

En los tiempos de la historia ha sido invadida y ocupada por griegos, escitas, hunos, mongoles, tártaros y rusos. Su ubicación excelente, siempre despertó el interés de imperios y pueblos invasores.

Durante la época imperialista, cuando las grandes potencias se repartieron el mundo en tajadas, en 1873, Rusia y la zarina Catalina la Grande, incorporó Crimea a Rusia, añadiendo a su imperio 43.000 km2 con la península de Crimea y extendió sus fronteras al Mar Negro, dando inicio de esta forma, a la flota naval del imperio ruso y posteriormente del imperio soviético.

En 1954, Krushov cedió a Ucrania los territorios de Crimea y así permaneció hasta el colapso de la Unión Soviética en 1991, cuando Ucrania al igual que las otras repúblicas se declararon independientes.

Precisamente, uno de los mayores secretos soviéticos  de la Guerra Fría, estuvo en esta península, en los mismos territorios de Balaklava, donde Stalin ordenó construir este complejo subterráneo, en forma sigilosa para proteger a su flota de submarinos considerados de vital importancia en esta guerra. Encargó a Lavrenti Beira, jefe de la policía secreta, buscar un lugar donde proteger, reparar, reabastecer a la flota de submarinos y la armamentística nuclear y encontró a Balaklava, una de las ciudades más antiguas de Crimea, la cual prestaba en formada adecuada para dicho objetivo, pues, estaba rodeada de montañas con una sinuosa y larga bahía, imposible de distinguir desde mar abierto. BalaKlava,  durante la Guerra Fría, fue borrada del mapa, dando así al inicio del mayor secreto militar de la Unión Soviética.

Las tareas de construcción comenzaron en 1957, tres años después de la muerte de Stalin. Se puso bajo vigilancia extrema a la KGB. Nunca se habló más de Balaklava, pues, sus habitantes se convirtieron en obreros de la empresa sin darles a conocer de lo que se trataba. En los documentos oficiales se nombraba el “Complejo 825 GTS”.

La construcción es una verdadera fortaleza, pues, debía resistir a un ataque nuclear, razón por la cual el proyecto debía ser autosuficiente, dotándole, por tanto, de tanques de combustible, vías de transporte, agua potable, suficiente comida, habitaciones, hospital, lugares de recreación, todo era perfectamente acondicionado y con ventilación propia. Este complejo fue habitado por 3.000 personas en su época.

El complejo contaba con un canal de 500 metros por donde pasaban los submarinos para reparación o reabastecimiento. Las paredes de hormigón tenían un espesor de 5 metros, las puertas eran de acero, tanto a la entrada como de salida, estaban perfectamente camufladas en la idea de proteger  los misiles nucleares, torpedos y todo tipo de armas, allí ubicadas.

En estas instalaciones se daba cabida a 7 y hasta 14 submarinos, para casos de extrema necesidad. Las obras fueron finalizadas en 1961, en pleno apogeo de la Guerra Fría. Los militares que servían en esta base, juraban en forma escrita, mantener el secreto de ubicación y sus fines. Para el resto del personal estaba prohibido su acceso. El complejo estaba dotado de un sistema de autodestrucción, en caso de ser detectado y capturado por el enemigo.

En 1991, el sistema soviético colapsó y Crimea y Balaklava pasaron a Ucrania libre, sin embargo, mediante acuerdos entre Kiev y Moscú, se logró mantener y proteger  el secreto hasta que en el 2003, el complejo se abrió como museo para el asombro de los turistas, ante un mundo subterráneo de laberintos, túneles y recintos.

 

Mariela  de Lugo (Quito, Ecuador)

Profesora de Historia Contemporánea del Bachillerato Internacional, se graduó en la Universidad Central del Ecuador en Ciencias de la Educación,  fue profesora de Historia Social en la Universidad Católica, realizó cursos abiertos de Historia Andina en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales e Investigadora de temas de Historia.

 
 
 
 

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  • homeLa autora Dorys Rueda, 13 de Febrero del 2013.
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