Por: Dorys Rueda

Las acciones se llevan a cabo en Salamanca y Toledo. 
 
 

En el tratado primero, Lázaro, el protagonista de la obra, cuenta su origen, cómo su sobrenombre está ligado con el lugar donde nació, el río Tormes, y quién fue su padre, Tomé González, acusado de robo, cuando él tenía 8 años.  Relata también cómo su madre, Antonia Pérez, para sobrevivir, tuvo que marcharse a la ciudad, a cocinar y a lavar ropa. Cuenta cómo ella empezó a convivir con  un hombre de raza negra, llamado Zaide, con el que tuvo un hijo. Describe, por último, cómo su madre le entregó a un ciego, para que le sirviera de guía. Un hombre avaro que le enseñó a sobrevivir de la manera más dura, a golpes,  y cómo Lázaro se cansó de él y lo abandonó.

 

En el tratado segundo, Lázaro cuenta cómo entró a servir a un clérigo, que  lo privaba de todo alimento. Relata  cómo se ingeniaba para conseguir el pan de la misa y cómo fue descubierto y despedido por su amo.

 

En el tratado tercero, Lázaro narra su vivencia con un escudero de muy buena presencia, que aparentaba ser un hombre rico, pero en verdad era muy pobre.  Cuenta cómo le llegó a tener lástima y tuvo que mendigar para conseguirle comida. Finalmente, relata el día en que los dueños de la casa donde vivían llegaron a cobrarle el alquiler y cómo el escudero desapareció y él se quedó solo nuevamente.

 

En el tratado cuarto, Lázaro relata cómo empezó a vivir con un Fraile de la Merced, que caminaba mucho, porque era amigo de los negocios seglares. Narra que en apenas ocho días, se le rompieron los zapatos y el Fraile tuvo que comprarle unos nuevos.  Cansado de seguirlo, lo abandonó.

 

En el tratado quinto, Lázaro describe su vida con un buldero, a quien califica como el más desvergonzado de todos, que mentía y engañaba a la gente, para que aceptara las bulas, en complicidad con el alguacil.

 

En el tratado sexto, Lázaro narra cómo sirvió a un maestro pintor de panderos y cómo, después, se involucró con un capellán, que le dio un asno y cuatro cántaros para que trabajara de aguador. Según el pícaro, éste fue el primer trabajo decente que tuvo durante cuatro años. Con lo ahorrado, se compró ropa y le devolvió al capellán el asno y los cántaros.

 

En el tratado séptimo, Lázaro cuenta su trabajo con un alguacil, con el que vivió muy poco, porque consideraba que el oficio que tenía era muy peligroso. Relata que en una noche, unos truhanes le persiguieron a él y a su amo y  cómo el alguacil, al que alcanzaron, lo pasó muy mal.

Narra, además,  su trabajo actual,  como pregonero  de los vinos del Arcipreste de San Salvador y como pregonero de los condenados de la justicia.  Cuenta lo tranquila que es su vida y siente que ha alcanzado lo mejor.  Describe, también, cómo el Arcipreste le hizo casar con una criada suya y les hizo arrendar una pequeña casita, junto a la suya.  También se refiere a los rumores que hay, de que su mujer lo engaña con el Arcipreste.  Manifiesta cómo un día el Arcipreste le pidió no hacer caso a los comentarios de la gente y  cómo su esposa se echó a llorar. Desde ese momento,  cuando alguien le quiere decir algo de su mujer, él lo interrumpe y le advierte con dureza, para que no diga nada en contra de ella.

 

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  • homeLa autora Dorys Rueda, 13 de Febrero del 2013.
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