PRIVADO DE LIBERTAD

Por: Fernando Larrea Estrada

Iván es un importante y querido profesional de las ciencias contables y auditoría, que además de su desempeño profesional destacado es muy apreciado en los círculos de amistad debido a su don de gentes y a su alegre carácter. Trabajó en una importante institución pública de la cual ya se encuentra jubilado, pero en la cual dejó muchas enseñanzas y anécdotas. La más importante y por la cual le identificarán todos quienes le conocen, es la relatada a continuación.

Conjuntamente con otro grupo de compañeros de trabajo, fue designado en comisión de servicios a la ciudad de Cuenca, lugar al que debían desplazarse por vía aérea en el primer vuelo de un determinado día. La noche anterior al viaje, se percató que ninguna de las maletas que tenía en casa le servía para transportar su equipaje, por lo que solicitó a su hermano que le preste una maleta adecuada para su viaje.

Para retirar la maleta del domicilio de su hermano, quien vivía a considerable distancia de su casa, utiliza el servicio de taxi convencional.

Mientras le transportaba el taxista, entablan una conversación trivial de varios temas. Pero inesperadamente son embestidos por otro vehículo causando un accidente de tránsito de considerables consecuencias.

Recuperado del susto, Iván, que viajaba en calidad de pasajero del taxi, sale del vehículo, mira que el taxista se encontraba bien y discutía con el conductor del vehículo que los había chocado.

Al poco tiempo del accidente, llega un vehículo patrullero de la policía, del cual se bajan algunos miembros de la institución. Realizan las observaciones del caso y toman las primeras declaraciones.

A Iván le toma la entrevista un joven oficial de la policía, quien se encontraba de un manifiesto mal humor, por lo que afloró un trato descortés y grosero.

* Policía: Usted estaba manejando el taxi.

* Iván: No señor policía. Yo soy pasajero. El chofer es el señor de allá.

* Policía: Muy bien. Usted se va detenido.

* Iván: Pero ¿Por qué señor policía? Si yo, solo soy el pasajero.

* Policía: Te vas detenido y punto.

* Iván: ¡Entienda, yo soy el pasajero, le contraté al taxista!

* Policía: Te vas preso y no jodas.

 Esta injusticia, inmediatamente dejó a Iván de muy mal humor y con la cabeza caliente. Le reclamó al policía utilizando un lenguaje fuerte, en el que incluía menciones a la señora madre del policía y recalcaba que mañana en la mañana salía de viaje en el primer vuelo a Cuenca. De nada sirvió, la decisión estaba tomada. A empujones lo subieron al patrullero y fue conducido a los antiguos calabozos para infractores de tránsito de la avenida Colón.

En el recinto policial, lo registraron y oficializaron la detención, a pesar de los insistentes reclamos y aclaraciones ante los jefes del policía que lo había detenido, ante los cuales insistía en que solamente viajaba como pasajero en el taxi y que se estaba cometiendo una gran injusticia con él. De nada sirvieron sus reclamos y sus quejas, a empellones fue llevado al calabozo de detenidos.

Una vez encerrado, no se movía de la puerta de ingreso a la celda desde donde continuaba realizando sus reclamos a voz en cuello y reclamando la presencia del cobarde que acababa de cometer semejante injusticia. Nadie le hacía caso y empezaba a ponerse ronco de tanto gritar.

Se le acercó el caporal de la celda, le tomó del brazo y le pidió que se calmara, por el beneficio de los demás compañeros de celda que necesitaban dormir. El caporal se presentó y le explicó la situación, especialmente que si es que no se calmaba y aceptaba la situación, se le podría complicar su estado, ya que podría ser trasladado al penal.

Sin ninguna otra alternativa, no tuvo más que hacer, que aceptar la cama que le fue asignada para pasar la noche, con una manta mediana, que algo le calentaba.

No pudo conciliar el sueño, y pasó toda la noche con frío y con miles de ideas que daban vuelta en su cabeza, algunas sin sentido ni relación, solamente eran pensamientos aislados. Pero en ningún momento estuvo nervioso ni asustado, quizás debido a la indignación que tenía.

Tan pronto amaneció, se levantó de su cama litera y se calzó sus zapatos. Trató de conversar con el caporal, pero él no le hizo mayor caso ya que se encontraba organizando el desayuno para los ocupantes de la celda.

Cuando la mayoría de los detenidos se habían levantado, encendieron un televisor localizado en el centro de la celda. El canal de televisión sintonizado emitía el programa matinal de costumbre, que incluyó las noticias de las siete de la mañana.

Todo transcurría de manera normal, aparentemente, no prestaban mayor atención a las noticias. Hasta que transcurridos unos treinta minutos del noticiero, realizan un anuncio de “Noticia de Última Hora” a la que todos los detenidos prestaron atención.

La noticia fue lapidaria, anunciaba que el vuelo de las siete horas de Quito a Cuenca, se había accidentado y que todos sus ocupantes habían fallecido.

Iván se quedó atónito y perplejo, no encontraba explicación a nada de lo sucedido. No entendió nada. Más aún cuando informan respecto al listado de los pasajeros, en el primer lugar nombran a Iván y publican su fotografía.

Pasados unos minutos de conmoción, reacciona y les dice a sus compañeros de celda, que no es así, que él está aquí y con vida.

Pero de inmediato también recuerda y hace memoria de todos sus compañeros de trabajo con quienes debió haber compartido el vuelo y se sume en un sentimiento desconocido por él y entra en una profunda depresión.

Solicita hablar con el jefe del recinto policial. Es llevado ante su presencia y le explica lo que estaba sucediendo. Incrédulos los policías, verifican la noticia y se percatan de lo que sucedía.

Inmediatamente, prestan a Iván el teléfono convencional, ya que en aquellos tiempos no existía telefonía celular, se comunica con su señora esposa e hijas, a quienes solicita se comuniquen con el resto de la familia para explicar lo acontecido y que se encontraba bien. Ellas tomaron la noticia por el lado positivo, celebrando el milagro de la vida su padre y esposo.

Nuevamente entra en escena el oficial de policía responsable de la detención de

la noche anterior, quien saluda a Iván y manifiesta:

* Policía: Disculpe Don Iván, pero no sé de dónde me salió la idea de ponerle en parte policial con detención.

* Iván: No se preocupe. Pero recuerde que cometió una injusticia con un hombre inocente. En este caso la injusticia funcionó a mi favor.

* Policía: Reitero mis disculpas Don Iván. Afuera están periodistas de los canales de televisión para que les dé una entrevista.

* Iván: ¿Cómo cree que voy a dar declaraciones en el estado de conmoción que me encuentro? Imposible. Usted si ha sido medio pendejo mismo.

 

Solicitó el teléfono para realizar otra llamada, esta vez a su oficina. La secretaria que le contestó, no sabía que decir por la sorpresa, pero al fin le dijo que estaba feliz que haya sobrevivido a este infausto accidente. De inmediato le pasó la comunicación telefónica a su jefe: Don Bolo.

* Iván: Haló, haló. Don Bolo, buenos días, le habla Iván.

* Don Bolo: Que gusto saludarte y hablar contigo. Me alegro que no hayas viajado y que estés bien.

* Iván: Muchas gracias Don Bolo.

* Don Bolo: ¿Dónde estás Ivancito?

* Iván: Detenido en el retén de tránsito de la Colón.

* Don Bolo: ¿Estás bien?

* Iván: Si Don Bolo, estoy bien gracias a Dios. Con pena por lo de los compañeros, no más.

* Don Bolo: Ya Ivancito. Ya te vamos a sacar de allí. No te moverás.

* Iván: ¿Cómo me voy a mover de aquí pues? Si estoy preso.

* Don Bolo: Bueno, bueno. Pero no harás nada, porque yo te multo sin ninguna compasión. Como tú eres loco con tema libre.

* Iván. Ya Don Bolo. No hago nada ni hablo con nadie. Ayúdeme a salir de aquí.

* Don Bolo: Bueno, hasta luego.

Colgaron los teléfonos.

Iván esperó. Lo sacaron de prisión antes del mediodía. Algunos de sus compañeros de trabajo lo llevaron a casa y luego de la paz reconfortante que brinda la familia, en momentos como los que estaba pasando, asistió a la ceremonia de velación de sus compañeros, donde trataba de pasar inadvertido.

Paulatinamente la vida fue llegando a la normalidad; sin embargo de que todos los años en esa fecha sus familiares cercanos y amigos de confianza, celebraban una misa de acción de gracias y realizaban una ligera fiesta de cumpleaños muy discreta; esto, hasta la actualidad.

Fernando Larrea Estrada, Chaguarmishqui, Pacheco diseño e imprental, 2016.

Fernando Larrea Estrada, escritor e investigador socioeconómico ecuatoriano, nace en Otavalo en 1960, estudia en la Universidad Central del Ecuador, con post grados en el área económica, obtenidos tanto nacional como internacionalmente.

Además, cuenta con la publicación de dos libros: “Modesto Larrea Jijón, Vida y Legado”, en el 2015 y “Elementos del Comercio Internacional”, 2013.

Ha publicado varios artículos especializados. Vinculado a organismos internacionales: Fondo Monetario Internacional FMI y Organización de los Estados Americanos, OEA y a diferentes Instituciones públicas entre las que destacan la Contraloría General del Estado y Ministerio de Relaciones Exteriores.

En la actualidad es miembro del Directorio del Colegio de Economistas de Pichincha.

    Portada artículo: http://www.clipartof.com/gallery/clipart/convicts.html

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  • homeLa autora Dorys Rueda, 13 de Febrero del 2013.
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  • mapOtavalo, Ecuador, 1961.

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