Fuente oral: María Angelita Rodríguez1
 Recopilación y Transcripción: Dorys Rueda
 Otavalo, 1994.
 
 

Sucedió hace muchísimos años, cuando no había luz en la ciudad de Otavalo y la vida en el pueblo era muy tranquila. A las nueve de la noche ya no había cristiano en las calles y la gente se recogía temprano. La única hora peligrosa era la medianoche.

Cuentan  que la viuda era una mujer alta que vestía íntegramente de negro. Todos los días, a las 12 de la noche,  realizaba el mismo recorrido: bajaba desde la hacienda de la Magdalena, paraba unos momentos en la esquina del cementerio y luego caminaba lentamente, contorneándose, hasta la esquina de  la iglesia de San Francisco, donde se detenía.   Allí esperaba a los que habían bebido toda la noche. Cuando los divisaba,  se quitaba el manto que cubría su cabellera y su  rostro y les extendía los brazos de manera provocativa. Cuando los borrachos  se acercaban a ella y  querían besarla, se topaban con un terrorífico rostro cadavérico. Algunos morían del susto en ese preciso momento y   otros echaban espuma por la boca. 


 

 1 Angelita Rodríguez Hidalgo (Tumbaco: 1925) reside en Otavalo desde 1952. Sus primeros recuerdos vienen del barrio Punyaro, a donde fue a vivir cuando recién se había casado. Vivió la época de esplendor de la Fuente de Punyaro, donde iba junto con su esposo, don Ángel Rueda Encalada a distraerse los días domingos. Era el lugar donde las vecinas, al caer la tarde, le contaban leyendas que habían escuchado de sus familias y de sus amigos.

 

   Portada: http://imagenespreferidas.blogspot.com/2010/11/mujer-pantera.html

 

 

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  • homeLa autora Dorys Rueda, 13 de Febrero del 2013.
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