Fuente oral: Luis Ubidia1
Recopilación y Transcripción: Dorys Rueda
Otavalo, 1985
 
 

Se cuenta que en alguna ocasión una mujer muy hermosa que tenía bastante dinero, se casó con un hombre apuesto  que parecía estar muy enamorado de ella, pero que cambió poco después del matrimonio. Bebía en exceso y le gustaba la compañía de una dama distinta cada noche. Un día desapareció misteriosamente,  sin dejar rastro. La gente decía que debió haber muerto en un accidente, pues no era hombre para vivir sin el dinero de su esposa.  La mujer, enamorada como estaba del bribón, no dejó de buscarle, no aceptaba su partida. Con los años se enfermó  y de la  pena, murió.

Desde ese entonces, aparece la viuda del cementerio. Una mujer que sale de su tumba  todas las noches, en busca de los borrachos e infieles a quienes desea causarles la muerte.

Por ese entonces, vivía en Otavalo un joven a quien le gustaba por igual el licor y la compañía de las damas más hermosas del lugar. Siempre alardeaba de sus conquistas, de las mujeres  solteras y casadas  que había seducido.

Una noche como muchas otras, regresaba a su casa ebrio. Pero al llegar al barrio Punyaro, vio a una de las mujeres más bonitas que había visto en toda su vida. Sin pérdida de tiempo se lanzó a su conquista. Como la mujer aceptó su proposición,  empezaron a buscar el sitio más desolado del pueblo para el encuentro amoroso. La muchacha le sugirió el sitio perfecto: el cementerio que no estaba lejos. Allí se dirigieron ambos jóvenes.

Entraron con prisa y se dirigieron al centro del camposanto. Él la tomó de los hombros, la mujer se volvió y empezó a desnudarse. En el instante en que la muchacha le ofreció su cuerpo, el hombre sintió  cómo un frío de muerte le recorría el cuerpo. Sin embargo, la abrazó apasionadamente. Entonces  se dio cuenta de que la mujer había desaparecido y en su lugar estaba un esqueleto,  a quien él acariciaba con pasión.

Horrorizado, salió del cementerio en una sola carrera y llegó a su casa, botando espuma por la boca. Su vida cambió,  ya no se emborrachaba. Dejó de ser el bandido de toda la vida.

 

 
1 Luis Ubidia (Otavalo: 1913-2000) fue un prestigioso maestro que empezó su carrera docente en 1935 en San Pablo de Lago, en la escuela Cristóbal Colón. Después pasó a la escuela 10 de Agosto de la ciudad de Otavalo, plantel donde había estudiado su educación primaria. En 1936, viajó a Quito para trabajar en la Anexa del Normal Juan Montalvo. En 1970, después de una ardua y fructífera labor como profesor, se acogió a la jubilación  y fue articulista en los medios escritos de la provincia de Imbabura, con un claro enfoque de justicia y rectitud en los temas de la vida local del cantón Otavalo. Escribió también artículos de investigación científica y notas poéticas. Tiene 28 publicaciones (H. Ubidia, comunicación personal, enero 14, 2016).
 
 
 
Portada:

Visitas

000629060
Today
Yesterday
This Week
Last Week
This Month
Last Month
All days
449
805
7702
614445
20525
20098
629060

Your IP: 181.239.33.63
2017-10-22 16:53

Contáctanos

  • homeLa autora Dorys Rueda, 13 de Febrero del 2013.
  • mailelmundodelareflexion@gmail.com
  • mapOtavalo, Ecuador, 1961.

Siguenos en