Por:  Alonso Flores Velasco

La guayusa en la Amazonía siempre ha tenido una tradición muy especial en la preparación, como a la hora de tomar esta exquisita bebida y cuya fragancia llega a los paladares más finos.

Hay cierto misterio escondido a selva, a deidad o mujer. La infusión de sus hojas ha sido reservada y un secreto bien guardado por las virtuosas amas de casa de Macas. Tenía razón; cuando al forastero le brindaban una pócima caliente que era como un rito; decían al recién llegado, el que tome la guayusa echará raíces en esta exuberante tierra oriental, sabemos de sus poderes afrodisíacos y es un bálsamo para nuestras alegrías y tristezas.

Pero sucede que en el interior de la selva en algún punto del río Huasaga, un grupo de valientes cumplían su guarnición y nadie conocía de su preparación.

Una mañana muy temprano, rayando el alba, Mashurca el shuar más joven, de carácter alegre, muy ufano salió para el río y mientras se zambullía en las tranquilas aguas, bajando en la corriente del río se presentó a él una hermosa ninfa, con vaporoso vestido y una larga túnica como de novia que se perdía en la tenue neblina; se quedó flotando en las aguas y le dijo que no tema de ella ya que era una conocida diosa (Tzunky) buena, que sólo venía a enseñarle a preparar la tradicional guayusa y cuyas hojas traía en sus torneados brazos, le entregó a Mashurca dándole algunos consejos para su elaboración.

El joven, siguiendo las indicaciones recibidas hizo esta aromática bebida, todos los compañeros quedaron muy complacidos y maravillados.

Desde aquel momento Mashurca tenía el encardo de cocer esta pócima todas las mañanas, pero nadie conocía cual era su secreto. Siendo así que muy temprano a la hora del alba, iba al río a recibir la guayusa que ella le traía…

Transcurrió algún tiempo y varias lunas de esta manera. Pero una mañana la misteriosa Tzunky que se había enamorado del joven shuar, le propuso recorrer con ella los intricados caminos de la gran selva, los cauces cristalinos, ríos y cascadas, llevando el secreto de la guayusa a los poblados más apartados, le prometía que le daría la eterna juventud en cada amanecer y para siempre, como recompensa.

Mashurca se asustó, tuvo miedo y no aceptó la oferta de la diosa de los vientos, de los bosques y del agua. Sucedió entonces, que herida en su vanidad y soberbia, la hechicera le convirtió a su amigo en un denso árbol con figura humana, para que dé sombra a los pájaros.

Mil mariposas de bellos colores revoloteaban entre sus ramas y un halo de fragancias había en el ambiente.

Esa mañana ya no hubo la cálida bebida, todos salieron a buscar a Mashurca… sólo encontraron un frondoso árbol de guayusa de verdes hojas a la orilla del río…

La leyenda dice, que deberán pasar muchas estaciones y muchos soles para que el joven shuar recupere su figura varonil y su personalidad, como hombre de la selva.

 

Cuentos y Leyendas de la Amazonía, Imprenta Colorgraf-Quito, 2009.

 
 
 

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  • homeLa autora Dorys Rueda, 13 de Febrero del 2013.
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