¿CÓMO SE FORMARON?
 
 Fuente oral: María Angelita Rodríguez Hidalgo
Recopilación: Dorys Rueda
Otavalo, 1980

 

Sucedió hace muchísimos años. Es una historia de amor que la protagonizaron los hijos de dos caciques del pueblo de Sarance.

Eran dos jóvenes que se habían conocido en el Fuya, Fuya, el cerro de Mojanda Cajas. Apenas se vieron,  se enamoraron profundamente y decieron lo más pronto unirse en feliz matrimonio. Sin embargo, el padre de la hermosa indígena se opuso al enlace, pues el muchacho era hijo de un cacique pobre, de rango inferior, a quien él despreciaba.

A pesar de la prohibición, los enamorados no dejaron de verse. Más aún, planificaron la fuga, precisamente, hacia el nudo de Mojanda Cajas.

Llegado el día, partieron y después de caminar mucho, cansados, alcanzaron la cumbre del cerro “Fuya-Fuya”. Desde allí, con tristeza, lograron divisar a la gente de las dos tribus que habían ido en su búsqueda. Los dos grupos subían ya la loma e iban cercando a los muchachos. Solo era cuestión de tiempo su captura.

Ante esta situación, los amantes, que no podían vivir separados, decidieron darse muerte y después de fundirse en un gran abrazo, se apuñalaron el uno al otro. Cuando llegó la gente de ambas familias, los jóvenes estaban agonizando y a medida que morían, se formaban dos lagunas.  Una más grande que la otra.

Estas dos lagunas son las que se encuentran en el páramo de Mojanda y en ellas están los amantes que permanecen juntos y nunca se separaron.  La más grande es la “Laguna varón o macho”, donde reposa el espíritu del hijo del cacique pobre que se transformó en un maravilloso lago. Junto a esta laguna está otra más pequeña:  la “Laguna mujer o hembra”, donde vive el espíritu de la hermosa india que se convirtió en un hermoso lago.

 

Portada: larevista El Universo
 

NFORMANTE

María Angelita Rodríguez Hidalgo

Tumbaco 1925

Reside en Otavalo desde 1952. Sus primeros recuerdos vienen del barrio Punyaro, a donde fue a vivir cuando recién se había casado. Vivió la época de esplendor de la Fuente de Punyaro, donde iba junto con su esposo, don Ángel Rueda Encalada, a distraerse los domingos. Era el lugar donde las vecinas, al caer la tarde, le contaban leyendas, que habían escuchado de sus familias y de sus amigos.

 

 

 

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  • homeLa autora Dorys Rueda, 13 de Febrero del 2013.
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  • mapOtavalo, Ecuador, 1961.

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