Fuente oral: Luis Ubidia
Recopilación: Dorys Rueda
Otavalo, 1985

 

Hace mucho tiempo vivió en Otavalo un profanador de tumbas.  Este hombre iba al cementerio todas las noches en busca de tumbas frescas y sin ningún miramiento, tomaba las joyas, la ropa y el dinero que encontraba en los féretros de los muertos.

Cuando los familiares iban a dejar una ofrenda floral a sus seres queridos, advertían que los sepulcros habían sido profanados. El muerto estaba desnudo, expuesto al ambiente y alrededor del ataúd solo quedaba tierra y polvo. Ya nadie quería pasar por el cementerio, peor entrar, pues existía la posibilidad de que el cuerpo de un ser querido hubiese sido mancillado.

La policía empezó a investigar, pero no logró dar con el responsable y las profanaciones seguían dándose en el camposanto.

El hombre, una vez que robaba la ropa de los muertos, la tendía al sol para que se fuera el mal olor. Después colocaba la ropa, junto con las joyas hurtadas, en los mostradores de la pequeña tienda que tenía a la salida de Otavalo, camino a Ibarra.

Cierto día, murió un coronel muy potentado de la provincia que vivía en las afueras del pueblo. Como de costumbre, el profanador esperó que la noche llegara y fue al nicho del desdichado militar. Abrió el féretro y se llevó las joyas y el traje del difunto. Así fue cómo salió a la luz la tarea macabra del hombre, pues la viuda, por casualidad, entró días después en el almacén del profanador y con sorpresa, se encontró con el uniforme de su marido y las joyas que le pertenecían. Inmediatamente dio aviso al Jefe Político, quien ordenó la prisión del sacrílego.

 

Portada: https://sp.depositphotos.com/stock-photos/tumba.html?filter=all

 

Visitas

001762808
Today
Yesterday
This Week
Last Week
This Month
Last Month
All days
1085
2035
10692
1743970
21098
40120
1762808

Your IP: 18.234.247.75
2021-01-15 16:48

Contáctanos

  • homeLa autora Dorys Rueda, 13 de Febrero del 2013.
  • mailelmundodelareflexion@gmail.com
  • mapOtavalo, Ecuador, 1961.

Siguenos en