Fuente oral: Franklin R. Ponce
Recopilación y Transcripción: Edison F. García

 

 

Hace muchos años, en una de las vías más transitadas de nuestro país, ocurrió un grave accidente. Un autobús que transitaba en sentido sur ‐ norte, desde Guayaquil hasta Quito, con alrededor de cincuenta pasajeros, perdió pista y se accidentó en el sector de la curva de la muerte, de la vía Alóag-Sto. Domingo cerca del sector de Alluriquín, parte  de lo que ahora comprende  la provincia de Santo Domingo  de los Tsáchilas.

Al parecer, el vehículo que transitaba a exceso de velocidad, no pudo frenar a tiempo,  cuando al salir de la curva, el chofer notó que había habido un deslave que bloqueaba gran parte de la pista, motivo por el cual se precipitó al barranco de casi treinta metros de profundidad.

Al caer el autobús por el abismo, ninguno de los ocupantes del vehículo pudo salvarse, de modo que todos fallecieron y sus cuerpos fueron llevados a la morgue del lugar, para que sus familiares pudieran reconocerlos y darles cristiana sepultura.

De entre todos los fallecidos, sólo hubo un cuerpo que no pudo ser reconocido y que tampoco fue reclamado por ningún familiar. Se trataba de una mujer de apariencia joven, de al menos veinte y dos años, de contextura delgada y de rostro tierno y muy hermoso.

Pasaron varios meses del accidente y el cuerpo de la chica seguía en los congeladores de la morgue del lugar, por lo que los médicos forenses de la ciudad de Santo Domingo decidieron vender el cuerpo, a un grupo de muchachos de la Facultad de Medicina de la ciudad de Quito.

Los jóvenes que habían adquirido el cuerpo, regresaban de Santo Domingo a Quito, muy contentos por cierto, por la enorme adquisición que habían hecho para su carrera de medicina. Antes de llegar a Alluriquín, vieron a una chica que estaba parada a un lado de la vía.

Ellos, en un gesto de amabilidad, ya que era muy tarde, decidieron parar el auto para acercarse a la muchacha. Le preguntaron: qué hacía en ese lugar tan peligroso  y a esas horas de la noche. A lo que ella respondió: “Espero  que algún buen chofer me lleve unos cuantos kilómetros más adelante, al poblado más cercano, donde está mi casa  para poder descansar…”

Los muchachos, ante la respuesta de la jovencita, la miraron asombrados y le permitieron subirse al auto para continuar con el  viaje. Uno de los jóvenes se acercó para hablarle y preguntarle, por qué estaba mojada, cuando ni siquiera había llovido en el lugar. Ella, no pudo responder a la pregunta ya que titiritaba de frío.     Este mismo muchacho, en un gesto de caballerosidad, le prestó su chompa para que la jovencita pudiese abrigarse.

El conductor del auto, mientras tanto, informó que ya estaban en el pueblo y le preguntó a la joven si deseaba bajarse. Ella contestó: “Mi casa está a las afueras del pueblo, cuando ya lleguemos ahí, yo misma se lo diré…”

Pasaron unos cuantos minutos y la chica les pidió que se detuvieran  en una casa que se veía muy próxima en el camino. La dejaron en ese lugar, conocido como Tandapi.

Un par de días más tarde, el joven decidió ir a retirar la chompa que le había prestado a la joven. Llegó a la casa y al golpear la puerta, salió una anciana. El muchacho le preguntó por la joven que días atrás había dejado en esa casa y cómo le prestó su chompa para que se resguardara del frio.

La señora le escuchó muy extrañada  y le contestó que allí  no vivía ninguna joven y que de seguro debía estar equivocado. Le contó que la única persona que había vivido con ella era su nieta, que unos meses atrás había salido de viaje a Guayaquil y nunca más había regresado, porque había tenido un accidente en la vía y había muerto. Las autoridades le dijeron  que su cuerpo debía estar en Santo Domingo, pero como no había tenido fuerzas para ir sola allá y no tenía dinero para el viaje, no había ido a reconocer su cuerpo. Pero que ya le tenía un sitio bonito en la colina, una tumba con una cruz para que ella pudiese descansar.

El joven sorprendido le pidió a la anciana que le mostrara una fotografía de su nieta para confirmar si se trataba de la misma persona. Al mirar la foto se percató de que la joven a quien había prestado su chompa era la misma de la fotografía.

Le pidió a la anciana que le llevara donde había construido la tumba para su difunta nieta. Al  llegar al lugar, los dos se quedaron perplejos al observar que una chompa yacía colgada en la cruz de aquella tumba.  

Cuentan que las apariciones de la joven fueron repitiéndose. Se asomaba en la vía al caer la noche y los incautos choferes, asombrados por su belleza, la llevaban hasta el lugar que ella les indicaba. Entonces, pedía prestado sus chompas  para abrigarse y cuando los conductores iban a buscar su prenda, se llevaban una gran sorpresa.

 

 

Visitas

000655850
Today
Yesterday
This Week
Last Week
This Month
Last Month
All days
883
764
7051
642185
16794
30521
655850

Your IP: 54.225.16.10
2017-11-18 23:22

Contáctanos

  • homeLa autora Dorys Rueda, 13 de Febrero del 2013.
  • mailelmundodelareflexion@gmail.com
  • mapOtavalo, Ecuador, 1961.

Siguenos en