Por:  Dorys Rueda

EL ESCRITOR

El escritor, junto a Medardo Ángel Silva, Humberto Fierro y Arturo Borja forman una agrupación literaria ecuatoriana, entre finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, bajo la influencia directa de los simbolistas franceses (Verlaine y Baudelaire), y del Modernismo de Rubén Darío. Una generación de escritores que se les conocería  más tarde como "La Generación Decapitada", porque todos sus miembros murieron muy jóvenes.

El escritor nace en 1898 en Guayaquil, donde cursa sus estudios primarios. Su familia, muy acomodada, se establece en Quito, donde Ernesto Noboa Caamaño continúa sus estudios e inicia una amistad muy profunda con Arturo Borja, con  quien lidera el movimiento modernista en Quito. Viaja por España y Francia y se nutre en sus percepciones y gustos poéticos. En sus poesías se vislumbran la angustia, el hastío y la soledad.

Acosado por una neurosis, encuentra en la morfina un calmante que finalmente le lleva a la muerte en 1927.  Publica el libro: Romanza de las horas, en 1922.

 

          EMOCIÓN VESPERAL

Hay tardes en las que uno desearía
Embarcarse y partir sin rumbo cierto
y, silenciosamente, de algún puerto,
irse alejando mientras muere el día.

Emprender una larga travesía
y perderse después en un desierto
y misterioso mar, no descubierto
por ningún navegante todavía.

Aunque uno sepa que hasta los remotos
confines de los piélagos ignotos
le seguirá el cortejo de sus penas.

Y que, al desvanecerse el espejismo,
Desde las glaucas ondas del abismo,
Le tentarán las últimas sirenas.

                    

                           ENVÍO

Princesita: mirad la caravana

de esos pobres lunáticos de amores,
que desde una comarca muy lejana
vienen por conquistar vuestros favores...
 
Quizás no lograréis ser soberana
del corazón de aquellos trovadores
cuya palabra lírica y galana
tiene también sus áspides traidores
 
No sienta mal en vuestra principesca
corte glacial, esa funambulesca
tropa de peregrinos de ilusiones.
 
Que saben rimar áureas cantinelas,
adormecer las dulces filomenas
y dominar altivos corazones.
 

                 LLUEVE

Tarde glacial de lluvia y de monotonía.
tú, tras de los cristales del florido balcón,
con la mirada náufraga en la gris lejanía
vas deshojando lentamente el corazón

Ruedan mustios los pétalos. Tedio, melancolía,
desencanto…te dicen trémulos al caer,
y tú incierta mirada, como una ave sombría
abate el vuelo sobre las ruinas del ayer.

Canta la lluvia armónica. Bajo la tarde mustia
muere tu postrer sueño como una flor de angustia
y, en tanto que a lo lejos preludia la oración.

Sagrada del crepúsculo la voz de una campana,
tú rezas la doliente letanía verleriana:
como llueve en las calles, llora en mi corazón.

 
 
 
 
 

 

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  • homeLa autora Dorys Rueda, 13 de Febrero del 2013.
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