Recopilación: Dorys Rueda  

EL ESCRITOR

Medardo Ángel Silva, junto a Humberto Fierro, Arturo Borja y Ernesto Noboa y Caamaño forman una agrupación literaria ecuatoriana, entre finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, bajo la influencia directa de los simbolistas franceses (Verlaine y Baudelaire), y del Modernismo de Rubén Darío. Una generación de escritores que se les conocería  más tarde como "La Generación Decapitada", porque todos sus miembros murieron muy jóvenes.

Medardo Ángel Silva, mulato, de cuna humilde, nace en Guayaquil en 1898 y muere trágicamente en 1919, al quitarse la vida, cuando tenía apenas 21 años,  De formación autodidacta vive en una sociedad cerrada, de clases sociales muy marcadas.

Cultiva la crónica periodística, sus textos son publicados en la primera página del diario El Telégrafo. En estos escritos, bajo el pseudónimo de Jean D'Agreve, critica a la alta sociedad guayaquileña.

La obra del poeta está comprimida en dos volúmenes: El Árbol del Bien y del Mal, que se editó en 1917, y Poesías escogidas, una selección de poemas que Gonzalo Zaldumbide publicó en Paris, en 1926.

Algunos textos poéticos de Silva han sido musicalizados. Uno de los más conocidos: El alma en los labios., que se  tornó en pasillo por obra del compositor quiteño Francisco Paredes Herrera y ha llegado a nosotros con la voz del gran Julio Jaramillo. Un poema que Silva   escribiera pocos días antes de su muerte.

 

 ALGO DE NOSOTROS MISMOS 

 
Algo de nosotros mismos
sube a buscar en el cielo
el ilusorio consuelo
de los azules abismos.
 
Bajo el dombo de zafir,
que hacia Dios simula un puente,
más que nunca el alma siente
la vanidad de vivir.
 
¡Ah, si quedaran siquiera
de nuestra vida los rastros,
como un polvillo de astros
del cielo de primavera!
 
¡Ah, si el ensueño inefable,
si el delirar amoroso
no tuviera el dudoso
Trans-Vida siempre inmutable!
¡Si no fuera, por extraña
razón, final de la duda
la respuesta de la muda
señora de la guadaña!
 
Pues ella todo ha medido
y cura el ánima inquieta
con su oportuna receta
de larga dosis de olvido. 
 
DESPUÉS
 
Se extinguirán mis años, ardiendo como cirios
a tus plantas; las rosas
de mis ensueños, mustias por los días,
regarán a tus pies, sus difuntas carolas.
 
Y habrá un sol que ilumine
mi cuerpo -ya sin alma, negra copa
vacía de una esencia de infinito... y
el sueño será definitivo...
 
¡Pero, entonces, tú sola,
releyendo los versos en que me llamo tuyo,
mis besos, hechos llanto, sentirás en la boca
y escucharás, de súbito, reteniendo tus lágrimas,
una voz que te llama, despacito, en la sombra!
 
EL INGRATO
 
Tú, que en la universal carnestolenda
ostentas, bajo el rostro sonreído,
mal pensamiento y corazón podrido:
ven, descansa a la sombre de mi tienda;
 
alégrate, sonríe, ten mi ofrenda
de frescos pomas; sacia en mi florido
huerto la sed del labio consumido
por el cansancio de la dura senda.
 
Bien se que reposada tu fatiga
en silencio te irás y tu enemiga
mano mi copa colmará de hieles;
 
mas, a despecho de iras envidiosas,
siempre tendrán: mi pensamiento, rosas;
mis labios, rimas, y mis rimas, mieles.
 
EL PRECEPTO
 
Deja la plaza pública al fariseo, deja
la calle al necio y tú enciérrate, alma mía,
y que sólo la lira interprete tu queja
y conozca el secreto de tu melancolía.
 
En los brazos del Tiempo la juventud se  aleja,
pero su aroma nos embriaga todavía
y la empañada luna del Recuerdo refleja
las arrugas del rostro que adoramos un día.
 
Y todo por vivir la vida tan de prisa,
por el fugaz encanto de aquella loca risa,
alegre como un son de campanas pascuales;
por el beso enigmático de la boca florida,
por el árbol maligno cuyos pomas fatales
de emponzoñadas mieles envenenan la Vida.         

                       LA MUERTE ENMASCARADA

Silenciosa y eternamente va a nuestro lado,
con paso sin rumor, enigmático y ledo,
grávido de misterios el rostro enmascarado,
seguido del horror, la tiniebla y el miedo.
 
Pasan las horas dulces en cortejo rosado,
y sonríen, yo intento sonreír... y no puedo,
porque, al saberme siempre por ella acompañado,
como quien ve un abismo súbitamente quedo.
 
 Cuando pueblan la estancia las horribles visiones
que hace la Neurastenia surgir en los rincones,
entre los cortinajes de azul desconocido.
 
¡Ay, apagad las luces y velad los espejos!
temo ver en sus luces de borrosos reflejos:
junto a la Enmascarada mi faz de aparecido. 
 
 
EN EL BAR

Entre tanto individuo que charla, bebe y fuma
el poeta se siente extraño. La neblina
del tabaco rubrica en el aire, y se esfuma
con cierta voluptuosa levedad femenina.
 
La fatigada frente a los sueños se inclina
y se añora el encanto de esa mujer de bruma
leve, como en la copa de Sevres cristalina,
la fugaz explosión de la pálida espuma.
 
¿Soñar, Soñar…? Qué valen alegrías o tristezas,
semejante a una copa de espuma de cerveza,
que duran lo que duran las huellas en el mar...
 
Vale más la mentira, ilusión que perdura,
del ensueño imposible la eternidad segura
y la estrella remota que no hemos de alcanzar.  

SE VA CON ALGO MÍO

Se va con algo mío la tarde que se aleja…
mi dolor de vivir es un dolor de amar
y al son de la garúa, en la antigua calleja,
me invade un infinito deseo de llorar.

Que son cosas de niño me dices…¡Quién me diera
tener una perenne inconciencia infantil,
ser del reino del día y de la primavera,
del ruiseñor que canta y del alba de abril!
 
¡Ah, ser pueril, ser puro, ser canoro, ser suave
trino, perfume o canto, crepúsculo o aurora-
como la flor que aroma la vida… y no lo sabe,
como el astro que alumbra las noches… y lo ignora! 
 
 
LA EXTRAÑA VISITA
 
Por la noche la Muerte las alcobas visita
donde dormimos nuestros apetitos bestiales
y, buen vendimiador, los frutos escogita
de sus vendimias eternales.
 
Una vez a mi lado llegó calladamente
y, cual si fuera un miembro próximo de familia,
me acarició las manos y me besó la frente:
y yo comprendí todo...
 
Y, desde esa vigilia,
ella marcha conmigo
y se acuesta a mi lecho
 
y su mirar oscuro toda mi vida abarca.
¿No ves, por mi actitud que estoy como en asecho
del rumor con que boga su misteriosa barca? 
 

 EL ALMA EN LOS LABIOS
                                             Para mi Amada

Cuando de nuestro amor la llama apasionada
dentro de tu pecho amante contemples extinguida,
ya que sólo por ti la vida me es amada,
el día en que me faltes, me arrancaré la vida.
 
Porque mi pensamiento, llena de este cariño,
que una hora feliz me hiciera esclavo tuyo,
lejos de tus pupilas es triste como un niño
que se duerme, soñando en tu acento de arrullo.
 
Para envolverte en besos quisiera ser el viento
y quisiera ser todo lo que tu mano toca;
ser tu sonrisa, ser hasta tu mismo aliento
para poder estar más cerca de tu boca.

Vivo de tu palabra y eternamente espero
llamarte mía como quien espera un tesoro.
Lejos de ti comprendo lo mucho que te quiero
y, besando tus cartas, ingenuamente lloro.

Perdona que no tenga palabras con que pueda
decirte la inefable pasión que me devora;
para expresar mi amor solamente me queda
rasgarme el pecho, Amada, y en tu mano de seda,
¡dejar mi palpitante corazón que te adora!


                                                    Diciembre, 1918
 

 
SOBRE  "EL ALMA EN LOS LABIOS"
DEL POETA MEDARDO ÁNGEL SILVA

 

Por Jorge Martilllo Monserrate

                                                                                                                        
Medardo Ángel Silva, poeta guayaquileño, fallecido en 1919.
                                                  
Uno. Señales suicidas: Recuerdo que a finales de los años ochenta, tres policías –en días diversos– se suicidaron por decepción amorosa escuchando el pasillo El alma en los labios, en voz de Julio Jaramillo, su versión más popular. Esas trágicas noticias, la leí en los diarios de la época. Los tres habitaban en el barrio contiguo al Cuartel Modelo y se mataron empleando las armas de fuego entregadas por el Estado.

Siempre me llamó la atención ese hecho. En esa época era profesor del colegio Aguirre Abad, cercano al barrio de los policías y ahí me confirmaron la noticia. La mayoría de mis alumnos eran hijos de policías. Ese hecho de sangre era un excelente pretexto para un texto literario que jamás escribí.

Demás está decir que El alma en los labios es el poema más conocido de Medardo Ángel Silva, en gran parte, gracias a que fue convertido en canción. Versos que, según la leyenda, Medardo Ángel Silva escribió a pocos días de suicidarse. Lo hizo a mano, con tinta roja y los dedicó a Rosa Amada Villegas.

Es imposible omitir las señales biográficas de Medardo Ángel Silva Rodas, quien nació el 8 de junio de 1898. Tampoco que se enamoró de Rosa Amada Villegas Mora, de 14 años y domiciliada en Morro 704 entre Bolívar y Quisquís (actual Rumichaca entre Víctor Manuel Rendón y Quisquís).

Aunque también tuvo otro amor, pero secreto: Ángela Carrión Vallejo, muchacha que vivía desde 1918 en su casa. La criaba su madre, Mariana Rodas, a petición de unas monjas. En 1919 nació la única hija del poeta: María Mercedes Silva Carrión (quien murió el 9 de agosto de 1981).

La muerte del poeta, hace 92 años, fue el 10 de junio de 1919, a escasos días de cumplir sus 21 años. Detallan sus amigos y biógrafos que esa mañana, Silva despertó resfriado.

Por la tarde, vistió de traje negro, zapatos de charol, bastón, corbata de seda negra y se dirigió a casa de Rosa Amada. Allí, ante ella, murió de un disparo en la cabeza. Tiempo después, ella se casaría con el poeta y músico Lauro Dávila, autor, nada menos que de la letra de Guayaquil de mis amores.

Dos. Señales de un poema hecho canción: El azuayo Oswaldo Carrión en su libro Lo mejor del siglo XX. Música Ecuatoriana, al abordar la historia de la canción afirma que Silva escribió el poema El alma en los labios en diciembre de 1918.

Por su parte, Ana Paredes en el libro Del sentir cuencano cuenta que Francisco Paredes Herrera –Cuenca, 8 de noviembre de 1891-Guayaquil, 1 de enero de 1952–, a la edad de 28 años, cuando visitaba su ciudad natal –pues residía en Guayaquil–, el 15 de junio de 1919 se entera de la trágica muerte de su amigo Medardo Ángel Silva. Golpeado por ese hecho sangriento selecciona el poema El alma en los labios y decide ponerle música.

A los pocos días, el 22 de junio el pasillo estaba listo. Al siguiente día, la canción fue entrenada en Cuenca en voz de la cantante Estrella Irú.

Después otros artistas interpretaron y grabaron ese tema, hoy un clásico. Según información del arquitecto Alfredo Enderica –el cuarto mayor coleccionista a nivel mundial de las canciones de Julio Jaramillo– fue en 1960 que Míster Juramento grabó para sello Ónix un disco de 45 revoluciones el pasillo: El alma en los labios, en el Lado B estaba Endechas. Años después ese tema formaría parte del longplay Pasillos de siempre de Julio Jaramillo.

Tres. Señal poética y sonora: Me sirvo un vaso de cerveza, aplasto play sin ánimos suicidas y suena la voz de Jota Jota, interpretando el poema de Medardo Ángel Silva y musicalizado por el genial Francisco Paredes Herrera: “Cuando de nuestro amor, la llama apasionada,/ dentro tu pecho amante, contemples ya extinguida;/ ya que solo por ti la vida me es amada,/ el día en que me faltes, me arrancaré la vida.// Porque mi pensamiento, lleno de este cariño,/ que en una hora feliz, me hiciera esclavo tuyo;/ lejos de tus pupilas, es triste como un niño,/ que se duerme soñando, con tu acento de arrullo,/ que se aduerme soñando, con tu acento de arrullo.// Para envolverte en besos, quisiera ser el viento,/ y quisiera ser todo, lo que tu mano toca;/ ser tu sonrisa, ser hasta tu mismo aliento,/ para poder estar más cerca de tu boca.// Perdona si no tengo, palabras con que pueda,/ decirte la inefable, pasión que me devora;/ para expresar mi amor, solamente me queda/ rasgarme el pecho amada y en tus manos de seda;/ dejar mi palpitante, corazón que te adora”.

Cuatro. Última señal: Y, ¿tú te matarías por amor?

Tomado del diario El Universo
Guayaquil, Ecuador
http://www.eluniverso.com

 
 
http://articulo.mercadolibre.com.ec/MEC-408059551-libro-obras-completas-medardo-angel-silva-_JM#redirectedFromParent
 
 

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  • homeLa autora Dorys Rueda, 13 de Febrero del 2013.
  • mailelmundodelareflexion@gmail.com
  • mapOtavalo, Ecuador, 1961.

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