Por: Fernando Larrea Estrada
Recopilación: Dorys Rueda
Agosto 11 de 2018
 

En los preparativos de las bodas de plata de las Fiestas del Yamor, el Comité de Fiestas estaba decidido a botar la casa por la ventana y no escatimar esfuerzos en lucirse con el máximo de esplendor y “glamour” en todos y cada uno de los actos de esta tradicional fiesta.

Como en toda celebración y festividad el factor humano es fundamental, de él nacen la esencia, la alegría y la trascendencia de la fiesta, por ello la elección de Reina del Yamor, fue, ha sido y seguirá siendo aquel evento del cual se desprenden las demás actividades; a lo que se suma que la belleza natural de la mujer otavaleña con su inteligencia y preparación integral, ha  representado en la práctica la elección de la reina de reinas, porque ninguna de las participantes se merecería siquiera el virreinato y todas las elecciones podrían tranquilamente terminar empates.

Retomando lo que tiene que ver con la preparación de la celebración de los veinticinco años de fiestas, todos los barrios se encontraban muy bien organizados, habían realizados sus festividades preliminares y escogido a sus candidatas- El Cascarón de la Alegría había recibido la inspección de seguridad y de ella derivaron los “últimos parches” que generen confianza y se los trataba de poner muy disimuladamente. Entre los artistas, “Los Príncipes”, en aquella época,  eran los llamados a amenizar la mayoría de los eventos bailables, pero había conjuntos musicales para todos los gustos.

Todos los detalles de la organización fueron abordados con  responsabilidad y entusiasmo.

Se inscribieron las candidatas y se conoció que todas eran ganadoras potenciales. Ninguna daba ventaja a las demás, era una competencia cerrada en todos los campos: belleza física, preparación intelectual, dotes culturales y altruismo.

Estaban oficialmente inscritas: Hilda I por el barrio Punyaro y algunas organizaciones sociales;  Guilma I, representando a la Cooperativa de Transportes Los Lagos; Nacira I, auspiciada por el Barrio San Sebastián y Agrupación La Tropa; y Luz Marina I,  representando al Barrio Central y a la Agrupación Junior III.

Mientras se daba la elección ese Cascarón estaba para explotar, los gritos de las barras ponían un ambiente alegre, pero tenso; parecía que todo eso podría llegar a ser un caos. Con el paso de las presentaciones, las barras empezaban a ponerse agresivas.

Todos pensaban:

  • Que trabajo tan difícil para este jurado, yo no quisiera estar en sus zapatos…ni loco siendo.

Cuando el conocido y apreciado Maestro de Ceremonias dio lectura de los tres nombres de las candidatas electas para ocupar sus dignidades, el Cascaron explotó en un griterío de júbilo, que se mezcló con otros de protesta, con algunos de amenazas, de arrepentimiento y con acusaciones de fraude y amarres. Este ánimo no bajaba de intensidad por algunos minutos.

Fue un reconocido Tenor que debía realizar su presentación en honor a la Reina, quien pudo atenuar la efervescencia del auditorio y lograr que bajaran los ánimos.

Como era de esperarse de un pueblo culto y noble, el reinado de Nacira I, se llevó a cabo con el apoyo de toda la comunidad y con la participación activa y amistosa de las demás candidatas. De allí nace la idea de que las nuestras son nada menos que unas Reinas de Reinas.

 

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